No persigas la fama, no te ocupes con estrategias, no te preocupes por pavadas, no te mates por una gran sabiduría.
Experimenta lo infinito, merodea por donde no hay límites, utiliza lo que el cielo te ha dado sin alardear sobre tus logros. Sencillamente, vacíate.
La mente de la persona perfecta es como un espejo, aceptando las cosas como vienen y van, sin darles bienvenida ni echarlas fuera. Y responde a las cosas naturalmente, sin almacenarlas. Por eso, es capaz de pasar de las cosas materiales sin ser dañado por éstas.
La persona perfecta trata a la mente como un espejo. Cuando algo ocurre, ella responde, y cuando terminó, vacía su mente de la experiencia. Genuinamente aprecia cada momento de vida.



